ADOCTRINAR/CARTAS DE J Y P (LIII)

CARTAS DE J Y P

La filigrana traslucida en la carta C delineaba esta palabra: Inculcar, referida, en el juego de mis cartas, a todo acto “educativo” que prescinde por completo, fundamentalmente en edades tempranas, de los actos desiderativos y electivos -que tenerlos los tenemos desde la más tierna infancia- del educando (en sentido amplio); de tal manera que en el resto de la vida, de cada cual, resulte en exceso dificultoso, si no imposible, poder variar sin repliegues ni evasiones el rumbo de la propia existencia, y ello aún a pesar de las numerosas y aturdidoras tormentas, propias o circunstanciales (provenientes de dentro de uno o de fuera de uno), que nos acosan con injusto coste de no pocos sufrimientos o padeceres, tal vez remediables incluso de manera profiláctica. Éstas A, B y C son, en síntesis y en este juego de reflexión, mis cartas.

Ahora las de mis amigos contrincantes J y P. Contrincantes, aunque sin ánimo de competir ni por un más ni por un menos. El juego de cartas de J, en una muy apretada síntesis, podría caber en el atijo de estas palabras: Cuanto somos y podamos ser a causa de lo enseñado nos ha sido inculcado. Del verbo adoctrinar nuestras vidas son su implacable y viva conjugación. Y las de P entran en el manojo de estas otras: Sus cartas no solo son perfectamente barajables con las de J, sino que las unas sin las otras no darían, en la realidad, juego alguno. Pero se da, por acción y omisión conjugadas, un enorme poder, aunque la mayoría de las veces sutil y poco o nada advertido, ejercido por injerencia. Tal poder hace que sea efectivo, penetrante, encarnado y duradero con pretensiones de inamovible cualquier acto de adoctrinamiento. Se trata de ejercer y de dejarse ejercer la interesada Manipulación. Si inculcar tiene sus preferencias y radio de acción en los primeros momentos (etapas o periodos) del particular existir de cada cual, manipular toma el relevo y acciona durante toda la vida. Si adoctrinar es el semillero, manipular es el cuidadoso y poderoso poder que no cesa en el trasplante y fomento de nuestros temores y miedos. Esos que nos incapacitan para lo mejor, por ejemplo para esa capacidad de formarnos por propia iniciativa y constructiva libertad convicciones.

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