ADOCTRINAR XLIV

Sigue la partida. Hoy, un día de lluvia que se reparte lenta a intervalos irregulares. Es el turno de mi amigo P:

Parece que mucho depende de según se la orientación dada a nuestra escucha. Si puestos los oídos pegados a la realidad que es, la ya hecha y que el poder impone y vende como única de tal manera que, imposible que otra sea. O si bien librados, nuestros oídos, a la Posibilidad aún por resolver real y concretamente. A las posibilidades que, por nuestros propios medios, están por llegar a ser. Resulta en extremo difícil, sino imposible, poder percibir más que lo efectivo y mucho más advertir alguna que otra cosa que lo que se nos muestra patente por ser inmediato. Y, sobre todo, sin liarse en las marañas de la credulidad. Estamos atrapados por este doble frente: La realidad y la credulidad. Estamos cortocircuitados en la inmediatez sentida en cada caso según cada cual -hemos sido así muy excelentemente adoctrinados-.

Caso limitado a un solo tipo de poder:

Unos potentes equipos empresariales junto con sus respectivos grupos de presión se regirán por el principio de la mayor inmediatez posible para el pronto mayor beneficio así mismo posible y siempre apuntado al máximo beneficio, aunque con escasa o nula percepción de lo imposible. Para lo cual, para esos resultados, puede que transcurra algún tiempo, incluso algo largo. Sin embargo ningún periodo de tiempo imperado bajo el principio incuestionable de la inmediatez incondicionada podrá salirse de su poderosa influencia y fuerza centrípeta. Estaría fuera de lo inmediato la consideración y previsión -a efectos reales de su corrección y concreción- de los graves perjuicios que concentrados y siempre particulares beneficios de un solo y predeterminado rango, el monetario, hayan podido ocasionar a nuestro medio y mucho dolor a sus habitantes.

Caso de los demás, los monetariamnente no poderosos:

Sí, a nuestro común medio ambiente en su amplísimo sentido de Planeta, nuestro medio de medios, explotados sus habitantes, explotados sus recursos. Con graves perjuicios en costos inconmensurable e incalculable de vidas humanas, de mucho tiempo atrás incapacitadas a la fuerza (ejercida-permitida) para poder tomar, convencidos por sí mismos (con sus propias convicciones), sus propias decisiones, las de, primordialmente, no abandonar sus propias vidas desterradas a ser medios de explotación, ni la de éstas sus vidas miserablemente tratadas sobre su Planeta querido por ellos vivirlo y no explotarlo por una Empresa rayana con -sino pasada a- lo imposible. De manera que el medio sea el fin y su fin y el fin -tu, yo…- sea el medio en ese sistema de exceso (poder monetariamente poderoso) y de defecto (el resto) de ese mismo poder que todo, absolutamente todo quiere acaparar y centrar. Imperar. Régimen totalitario, en el que todos estamos atrapados.

Puede que a P en este lance se le haya salido, fuera del tapete y caído al suelo, alguna carta.

ADOCTRINAR XLIII

Hannah Arendt (1906-1975): El objetivo de la educación totalitaria no ha sido nunca inculcar convicciones, sino destruir la capacidad de formárnoslas. Ésta ha sido la cita lumbre que ha caldeado nuestras jugadas a lo largo de buena parte del invierno, nada riguroso por cierto en las latitudes en que nos hallamos. Le hemos echado leña, al fuego de estas palabras. No la hemos tratado, a esta cita, de manera laxa.

De manera laxa llegamos a admitir el término educación. Así de tantas maneras que incluso queramos otorgarle significación aún en el centro recalcitrante, calcinador y destructivo de algún régimen social totalitario, (hemos puesto bajo sospecha de tal tipo de régimen al nuestro, es decir al económico, el nuestro no es tanto el político, religioso, monárquico… aunque tales cortos no se queden sirviendo, potenciando, al predominante régimen). Hemos destacado que aquello a lo que se refieren el sustantivo educación y el complemento que en la cita lo adjetiva, totalitaria, se dan de bruces uno contra otro para perder, tras el impacto, toda significación que antes del encontronazo pudieran tener ambas palabras cada una por su lado. Si educación se refiere a capacitación y totalitaria no puede significar más que destrucción de las muy diversas capacidades humanas de iniciativa y realización, sobre todo las que están en ciernes; entonces ambas, capacitación y destrucción, indicando una primordial capacidad humana, la capacidad de formase convicciones, se sigue que educación y totalitaria no pueden tener más que, juntas, carencia de sentido de realidad más allá de ser solo palabras yuxtapuestas. Así pusimos en tensión a estas palabras de Hannah para que perdieran su posible laxitud y recobraran la firmeza que se merecen y que merece el juego de nuestra reflexión.

Pero no solo en este par de vocablos hallamos motivos para dar temple a la lectura de nuestro corazón acercado a la cita. Anotamos también luego algo parecido respecto a una palabra verbal también complementada no de otra manera que no puede ser más que, entre las dos, verbalismo; es decir palabras sin consistencia más allá de ellas mismas: Inculcar convicciones, si estas han de ser formadas no cabe, aunque en cierta manera sí (por imposición), que éstas, las formadas, nos sean inculcadas. O las formamos o las ya formadas nos las inculcan si no media personal formación alguna por nuestra parte.

¿Qué hacer pues con tanto como recibimos y ya tenemos inculcado y con tanto que nos entorna, asedia, que se nos entromete y inmiscuye persistentemente? Derretirlo con el ardor vivo de nuestro particular pensamiento por sentir qué, de entre tanto prejuicio incorporado y pululante , se nos mantiene en condiciones de nutrir, mejorar y desarrollar la fortaleza de nuestra capacidad de formarnos convicciones y así devolver o crear de nuevo lo que es de los medios al ámbito de los medios y lo que nos es fin (tu, yo, nosotros, cada cual) no sea por nadie ni por nada (institución, organización…) manipulado como si solo fuéramos medio, servil, útil, cacharro doliente de usar y tirar, rendidos mayormente al usufructo ajeno.

¿Qué hacer pues, era la pregunta? Aquilatarse, aquilatar la propia dignidad y la ganga derretida indigesta de nuestra posible felicidad evacuarla. Eso puede facilitar, activa o pasivamente queriéndolo o no, eso mismo en el otro (de quererlo él). O al menos no entorpece o paraliza su dignidad, que eso es la dignidad, lo libre de ganga.

P vacila en tomar cartas al hilo de lo jugado y se dispone a cavilar.

ADOCTRINAR XLII

Sugiero a P que acerque su oído a la palabra cuyo referente motiva y busca las actuales jugadas de nuestro dilatado juego. A esa palabra antes que fuese grafía. Que permanece sonido en las voces cuando la pronuncian y algunos oídos la escuchan. Y aún más, acercando el oído antes de ser, esa palabra, sonido determinado en un código. Antes incluso de ser concepto definido. Acercamiento allá en el tiempo lejano y aquí mismo, ahora; en la permanencia de su génesis. En el propio sentir de ese término, donde las palabras son sentidas cerca, sino en uno mismo, allí donde late no patente lo libremente acogido y anidado (solemos decir, o solíamos, en el corazón). Y aún aquí puesto el oído antes de ser palabra las palabras, ahí donde -ámbito nada geográfico- el sentir clama, sin voz aún, por poder decir de uno mismo no menos que junto con, junto a otros sino con todos. De todo lo cual su etimología es una muleta externa que ayuda, al menos, a poder acercar las cabezas y juntas seguir el rastro que las palabras suscitan hasta acercarnos o llegar al meollo de uno.

Convicción -es esa palabra- acoge dos caudales de sentires palpitantes. Puede ser sentida, esa palabra, como una confluencia de dos subterráneas, y no solo tal, necesidades que a la vez se constituyen en libertad. Una: con, junto y, dos: anhelo necesario de vencer por no sentirnos vencidos, minimizados, reducidos.

Convicción. Con, junta a o también totalidad. Resuena en parte, la segunda, de este vocablo la necesidad de vencer. Necesidad que dada su contraria posibilidad también es libertad. Puede uno sentirse contrariado de esta manera: creerse vencido, conforme, conformado, conformista y, consecuentemente hacer efectiva, para sí, una derrota genética (que genera otras). Pero si así se diera el caso aún permanecería la posibilidad de vencer. Ahora bien, vencer, ¿a qué?, ¿de qué convendría mejor estar con-venciéndose?, ¿cuál el vencimiento a lograr y además juntos y sino todos, al menos muchos?

Jugando, jugando, nosotros – al menos yo – hemos encontrado un frente doble. Dos en uno que mutuamente la mayor parte de las veces, sino siempre, se potencian y que siempre sorprenden, carcomen de improviso estando desprevenidos (a la infancia, dirige máxima atención) de nuestra atención propia y luego, ya disfrazado de “convicción” con toda la pinta de ser propia permanece para el fomento y permanencia de una invalidez… que resultará ser, tal incapacidad, para la formación de convicciones. El vencimiento sería para este doble frente. Vencer sobre él. Éste, el frente inculcación-manipulación.

¿Frente a qué, pues la victoria? Frente a las inculcaciones y frente a ese inmenso, sutil y muy poco consciente fraude que tergiversa el fin que somos subvirtiéndolo en y para la sola utilidad con la que nos pretendemos, desvalorizando, menospreciado nuestra dignidad. Suele estar dirigida, pero, nuestra necesidad y voluntad de vencer, a congéneres para el logro, mediante alguna empresa particular, de beneficios especialmente a los propios participantes. No pocas dosis de “Convicción” (sugestión y autosugestión) requiere tal especie de convencimiento con reforzamiento de sus correspondientes actividades.

Sin embargo nuestro convencimiento puede ser primordialmente otro, siendo dirigido al doble frente de inculcación y manipulación, para disolverlo y estar de, y en, ello más que convencidos vencedores sin ceder, sin cesar. Para lo que se requiere no poca firmeza, resolución… convicción sin entrecomillar. Para aquella “Convicción”, que no puede dejar de afectar personalmente, que busca vencer (sí, incluso por o con alguna “justificación” nobilísima, sublime tal vez, con pretensiones de ser convincente) al semejante, próximo o no, esa “convicción” arraigada y raíz ha de ser la de la “monedarización”. El uso del -y el trato al- otro como beneficio extraído y revertido fuera de él: “me sirves”, “me eres útil”, “solo eso y poco o más bien nada más eres”. “Me eres muy manipulable, si más todavía, mejor, mejor sirves a mis fines”. Fines que en definitiva poco pueden ser los del manipulador siendo él mismo predominantemente instrumento manipulado tomando ocasión, sus desbarajustes personales, el servicio exclusivo a un exclusivo fin. Fin que ha perdido su carácter de medio. La aplicación y empeño en ello a gran escala puede constituir sistema. Ese sistema aquí sospechado. El nuestro totalitario poco perceptible como coercitivo dado el inmenso caudal de paliativos diversos por el mismo sistema suministrados.

ADOCTRINAR XLI

Siguen las jugadas. Desde mi posición, frente a mis amigos contrincantes en el juego J y P, salir airoso al final del juego habrá supuesto, durante todas las partidas, un ejercicio semejante al del escapista. Todas las jugadas representan que J y P han tendido al razonamiento mío dos gruesas maromas a modo, entre ambas, de atadura, de la que habré de ir librándome.

Según J: ¿Qué de lo tenido por sabido y en cada cual arraigado, teórica o prácticamente, no se nos ha sido inculcado mediante adoctrinamiento o adoctrinado mediante inculcación dada nuestra inicial y tal vez permanente indefensión? Según muestra en sus jugadas tal pregunta no puede ser formulada más que retóricamente, pues no de otra manera puede ser respondida: Todo se nos ha sido adoctrinado y así nos va, si exceptuamos, en un sector de humanos y solo para una de nuestras particularidades, que incesantemente privilegiamos: la monetaria como finalidad, la “monedarización” de todo, especialmente la del humano por el mismo humano; y en esta restringida área, que comunmente se la quiere reconocer con el sustantivo progreso, es donde el sistema más y mucho aprieta para su sostenimiento. Nosotros mero recurso de sostenimiento.

Para P el poderoso anudamiento que nos ata, aún sea mediante finísimos hilos de oro y seda más bien sintéticos, es el de la manipulación. Atadura, desde ser burda y grotesca hasta sutil, incluso muy bien intencionada y perfectamente vendida, pero siempre y en todo lugar manipulación al fin y al cabo.

Estamos ahora en este punto, el de la manipulación. Que queremos atender por su reverso, que es el de todas y cada una de las partidas jugadas sobre nuestro tablero transparente… y de las que nos queden por jugar. De todas: Las pertenecientes a inculcar y las comprendidas en manipular. Es decir, quiero atender a esa nuestra muy importante capacidad de formarnos convicciones. Que parece que éstas no hayan de estar sujetas a, y Iibradas por, nuestra consciente actividad formativa en aras de nuestra mejoría (si algo hay que restablecer, restituir,,,) o mejora (si ello cabe, y siempre cabe, al menos en principio, mejorar); dejadas ambas cosas, mejoría y mejora, a la buena o mala suerte o más generalmente a las circunstancias o a fuertes corrientes de manipulación. Corrientes de las que tampoco está bien visto averiguar maquinación, procedencia, propósito y destino. Parece que las convicciones tengan que ser algo que sin mediar explicación alguna de su génesis llevamos, por arte de birlibirloque, incorporadas desde siempre, procedentes incluso de algún paraíso de no se sabe que platónica, pero humana y terrenal, sociedad. Nosotros, en nuestro juego, sospechamos cual pueda ser este paraíso de no otro lugar que nuestra sociedad en vías de ser completamente mundial. Podríamos denominarlo Monetario Paraíso, principio y fin del quehacer, y sobre todo del querer general y cotidiano.

Hemos atendido a este decir de Hanna Arendt: que no hay convicción, así sin entrecomillar, alguna en un régimen social totalitario (no importa si religioso, militar, político o económico) ya que en tal organización aquello que más es malogrado es mi capacidad de formarme convicciones pues el fin que soy este totalitarismo al que sospechamos pertenecer pretende, organiza, proyecta, establece, con no poco éxito, desplazarlo a lo monetario como único fin verdaderamente válido y máximamente valioso. Con lo que no nos queda más que ser útiles, serviles instrumentos. Ser mediocridad en atención, forzada a ser exclusiva, a un fin predominante, desatendiendo, y por tanto en detrimento de, sernos, y sentirnos capaces de formarnos no supeditados a un pre-potente fin, que por no ser éste nosotros mismos se nos ha de imponer quedándonos, en tanto que fines, desplazados a ser mediocridad, en el sentido aquí jugado. Debilitados ignorantes cada cual de sí mismo, y ello de manera propiamente muy querida y deseada en casos de manipulación bien lograda.

P agradece lo jugado creyéndolo dicho a su favor.

ADOCTRINAR XL



Vamos reconociendo, a través de nuestras partidas, ciertas delimitaciones y también disyunciones excluyentes. O adoctrinar o formarse convicciones. Adoctrinar nos queda distribuido y comprendido entre y en, respectivamente, inculcar y manipular.

Dos frentes se nos oponen a la propia formación de convicciones, el ya mencionado de inculcar y el de manipular. Adoctrinar y formarse convicciones se oponen entre sí. Pero lo cierto también es que ambas acciones conviven de tal manera que previamente nos son, según nuestra libertad, ocasión para determinarnos… del lado de la inculcación y de la manipulación o del lado de formarnos convicciones. Expresado con cierto realismo: Estar más por el lado de la formación que por el de la inculcación-manipulación. Desprenderse de la presión que inculca y manipula, tanto como agentes que como pacientes, y acogerse con determinación a la formación. No confundir educación con presión (manipulación, inculcación).

A otra delimitación hemos tratado de representarla en el término mismo de convicción. Unas veces puesta en entrecomillas, “covicción”, otras sin ellas. Uno puede estar profundamente convencido de algo que tal vez acabe descubriendo como siendo solo mero efecto impensado de alguna manipulación o de alguna enseñanza sin que haya sido, tal enseñanza, motivo alguno de propio aprendizaje (lo que puede reconocerse como puro verbalismo o también credulidad), es decir sin la propia, directa intervención personal en aquello que tan solo ha sido deglutido y no asimilado, incorporado, por propia digestión (propio razonamiento, propia consideración, propia puesta en duda o en cuestión). Pondría entrecomillas la palabra convicción al percibir que su declarante-actuante no tuviera en sí la consideración, el respeto y tal vez el anhelo, llegado el caso, de despertar oportunamente en el otro aquello de lo cual cualquier otro ya dispone, aquello lo cual yo de ninguna manera puedo poner en él y aquello sin lo cual la dignidad es sin efecto… a esas convicciones sin asistencia de, y a, la propia, no menos que a la ajena, libertad las entrecomillaría para diferenciarlas de aquellas cuyo declarante-actuante va siendo incapaz de vulnerar bajo ninguna excusa por sublime que se crea la autodeterminación (ser y valerse por sí mismo) en la que el otro es y va siendo. A las convicciones del que dice y hace, nunca en desconsideeración de la libertad del otro, es decir del otro en sí, del otro como fin… a esas convicciones no las entrecomillaré.

ADOCTRINAR XXXIX

Reanudamos el juego con el que pretendemos algo así como cartografiar unos rasgos. Los que correspondan a un concepto. Quisiéramos hacernos con el concepto de un verbo cuyo uso está masivamente manipulado. Pues resulta ser que si su utilización pudiera servirnos como medio a fin de alertarnos frente al inminente o ya efectivo deterioro de una de nuestras más valiosas capacidades (la de formarnos convicciones) y a su vez alentar nuestro libre desarrollo de tal capacidad, resulta ser que nuestro verbo en juego es manipulado para incrementar nuestra confusión. De tal uso manipulador la confusión es la finalidad, nosotros, cada cual, sus medios. Debería ser al revés: Al decir adoctrinar, las voces deberían ser, si acaso, consciente e intencionalmente (honestidad) orientadas hacia el fin de no decaer en nuestro empeño en formarnos, convicciones i demás, orientadas al fin que cada cual es y así ser cada cual también medio de tal suscitación, la de que no somos predominantemente o solo útiles, instrumentos, cosas, títeres serviles. A ese concepto le hemos ido dando figura, contorno, esbozo. Tal vez, sería lo más deseable, sonoridad, vibración. Notas conceptuales que puedan hacer despertar por armónicos deseos de desarrollo de nuestras potencialidades más aletargadas. Lo hemos delimitado bajo las formas, de cierta manera entendidas, de inculcar y manipular, que son las líneas, con disfraz de, maestras de Adoctrinar. Visto (mejor escuchado según voluntad de querer orientar la escucha) lo cual al trasluz de nuestro humilde pensar, ya hemos escuchado algo del reverso de Adoctrinar, que es “formarnos convicciones”. Ya mencioné algo percibido y concerniente a las convicciones.Y que ahora pongo sobre el tapete a la consideración de mi amigo contrincante en el juego :

Naipe que se refiere a nuestra ilimitada susceptibilidad de ser manipulados y manipular, puesto en juego en la anterior jornada:

Este ilimitado e indeterminado ámbito que refiere la posibilidad a la manipulación es también el abierto ámbito de la libertad en cada quien, donde la determinación de cada cual tiene, por quererlo únicamente por uno mismo y decididamente, su creativa efectividad o, si, por nuestra parte, indeterminación, también querida, entonces contrariamente, nuestra limitación o incluso nuestra nulidad en el crecimiento y desarrollo de las capacidades posibles (potencialidades personales de cada cual). Así que cada quien pueda, de quererlo, determinarse y decidirse en un sentido u otro. Tal querer, si positiva y generalmente creativo (generador, regenerador… ), representa ser un continente capaz de incremento para toda convicción propia.

Naipe del querer y del sentir de libertad:

Ese pensar que cabe ser orientado, por mi resuelta determinación, al fin de nuestras capacidades (potencialidades, posibilidades). Aquí la concreta de la correspondiente a la formación de convicciones. Capacidad esa nuestra que a la vez también nos es medio, al servicio de suscitar (no inculcar, no manipular) otras capacitaciones al lado de – y junto al – otro, pero sin dejar jamás de ser, ambos, fin cada cual en sí mismo. Sin dejar jamás de ser respecto (y con respeto) al sentir y al querer de (la) libertad. Es decir, de no querer vulnerarla. Ese no querer es otro continente, en estrecha sintonía con el anteriormente mencionado, de toda convicción.

ADOCTRINAR XXXVIII

A pesar de la impresión de P, la partida no está decidida. Nuestro tablero, nuestro marco mental es el de las posibilidades.

¿Posible en la realidad una total aunque nunca completa manipulación? Por mor de nuestro marco de juego, decididamente sí. Total, en cuanto a su alcance. ¿Quien no está, por sí, por otro o institucionalmente manipulado? ¿Completa? Referido a nuestra propia, ajena o social capacidad para ser manipulados y a su vez manipular, no, completa no; no parece haber ahí límite alguno,no puede haber en ello completud alguna posible. Sí, por tanto, puede haber incesante, creciente, y poco perceptible, nivel de manipulación. Nuestra capacidad para ser manipulados o manipular se dilata con la práctica de la manipulación, ¿Es posible que cierto y creciente nivel de manipulación o su extensión particular a cada cual ni tan siquiera exista? Es posible pero también es posible que aquello, nivel o extensión de manipulación, sea, y del todo generalizada. Este ilimitado e indeterminado ámbito que refiere la posibilidad a la manipulación es también el abierto ámbito de la libertad en cada quien, donde la determinación de cada cual tiene, por quererlo únicamente por sí mismo y decididamente, su creativa efectividad o, si indeterminación, también querida, entonces contrariamente, su limitación o incluso su cuasi nulidad en el crecimiento y desarrollo de las capacidades posibles (potencialidades personales de cada cual). Así que cada quien pueda, de quererlo, determinarse y decidirse en un sentido u otro. Tal querer, si positiva y generalmente creativo (generador, regenerador… ), representa ser un continente, también creciente, capaz de incremento para toda convicción propia.

No es concluida la partida pues nada asiento en la realidad ya acontecida. E igualmente por acontecer nos queda no se sabe cuanta y cuales manipulaciones que podrán ser. Y aun por acontecer nos queda que la manipulación sea tan mínima como, a efectos bien patentes, insignificante. Estamos ahora en este ápice del juego barajando posibilidades.

P considera ya llegado el final de la partida por no atender suficientemente lo subrayado en esta carta de la anterior mano: [La sociedad, entonces, como un amasijo, un embrollo, un torbellino] cuya única diferenciación, posible es por el, y de él, pensamiento, y no puede ser otra que la del reconocimiento de una confusión, de una fusión complicada: la de que el fin que cada cual es, eso no somos; acontecemos, en sociedad, predominantemente cosa, útiles al fin que no debería ser más ni otra cosa que medio, el económico a su fin, humano sin excepción, destinado y aun por nosotros mismos predestinado.

Una cosa es apropiarse de las convicciones que por ahí, dentro o fuera de mí, pululan y otra bien distinta es la de tener convicciones propias. El medio del que nos valemos para formar propias, las convicciones, es el pensamiento, el de cada cual. Capaz de desarrollo a causa de ser atendido, cuidado y ejercitado. El de cada cual, sin mediar comparación alguna con algún otro congénere; que es, la comparación, una manera de hacernos medio, de perdernos, de perder nuestro ser fin. Medio y fin al unísono (como las dos varillas de un diapasón, que es medio y fin o referencia de sonidos elaborados a la atención del oyente) es ese pensamiento particular, el ejercido y ejercitado por cada cual. Ese pensar que cabe ser orientado, por mi resuelta determinación, al fin de nuestras capacidades (potencialidades, posibilidades). Aquí la concreta de la correspondiente a la formación de convicciones. Capacidad esa nuestra que a la vez también nos es medio, al servicio de suscitar (no inculcar, no manipular) otras capacitaciones al lado de – y junto al – otro, pero sin dejar jamás de ser, ambos, fin cada cual en sí mismo. Sin dejar jamás de ser respecto (y con respeto) al sentir y al querer de (la) libertad. Es decir, de no querer vulnerarla. Ese no querer es otro continente, en estrecha sintonía con el anteriormente mencionado, de toda convicción.

Aquel determinado o no determinado querer y esa no vulneración, más que continentes nos son como células madre capaces de generar, con la intervención de nuestro personal pensar, si honesto, convicciones en tanto que medios a la atención humana siempre, ésta, generándose a su vez.

Se confunde, en el amasijo detectado en nuestro juego, a las convicciones que siendo medios, no pocas veces las interponemos como siendo “realmente” fines en sí mismas. Éstas hechas por nosotros fines son “convicciones” impostoras. Dejan de percibir las concreciones, las voluntades, las sensibilidades y las posibilidades de los restantes humanos, próximos o lejanos, no menos, ni más, humanos que yo. A esas convicciones de carácter restrictivo y astringente de humanas posibilidades en sus diversidades ya anteriormente, en nuestro juego, les pusimos comillas. Así: “Convicciones” . Ya las teníamos registradas con estas marcas en su nombre sustantivo.

ADOCTRINAR XXXVII

Mi amigo contrincante en el juego dice haber cubierto toda la gama de posibilidades en donde la manipulación acontece: A uno mismo, que se manipula mediante el auto-enganyo; uso de sí como mero medio para fines que, inexplicablemente, no le interesa conocer en ningún momento. Al otro de mi – aun siendo congénere mío y precisamente por serlo -, mediante el uso de alguna de sus carencias, a fin de aprovecharlo para fines no precisamente en su favor, sino que a efectos de su deterioro; el otro, mero medio absorbido, a mi uso y usufructo, el otro abusado. Manipulación social, finalmente, institucionalizada. La sociedad partida en dos: Manipuladores y manipulados. En realidad, pero, indiferenciadas ambas partes. Si manipuladores, entonces no sin haber sido antes y al mismo tiempo manipulados. Si manipulados, entonces imposible que no manipulemos. Todos juntos útiles, serviles, a un único fin que es fuera de mí, y yo fuera de sí. Concretando: A esa economía que juega el perverso juego de la penuria aun sea ésta al más alto nivel de visible abundancia. La sociedad, entonces, como un amasijo, un embrollo cuya única diferenciación posible, para el pensamiento, no puede ser otra que el reconocimiento de una confusión, de una fusión complicada: la de que el fin que cada cual es, eso no somos; acontecemos predominantemente cosa, útiles al fin que no debería ser más ni otra cosa que medio, el económico a su fin, humano sin exepción, destinado y aun por nosotros mismo predestinado.

Al poner en juego esas mis cartas, P insinúa haber ganada la partida diciendo: Así que mejor me lo pones con tus palabras.

ADOCTRINAR XXXVI


Llegada la noche parece que lo expuesto por P tuvo efectos colaterales al cerrar yo los ojos. Su decir detonó mi imaginación ya medio dormida. Al parecer su escalera se me antojó algo demasiado estático para lo que pretendía representar. A mí me aconteció, por ello, algo puramente mecánico. Acciones, hechas a la fuerza para el movimiento de materiales útiles o a lo sumo divertidos. Sus palabras suscitaron en mí un sinnúmero de norias que tomaban físicamente lugares de esas líneas imaginarias que conocemos como meridianos. Un determinado múltiplo de ellas. También circundaban vertical y máximamente nuestro mundo. Todas giraban en un único sentido, que tan solo el rotar de la Tierra se encargaba de variar continuamente las posiciones aunque también, claro, siempre de la misma manera. El movimiento, con que las cazoletas – unas siete mil millones alrededor del mundo – se balanceaban y ora ascendidas y acto seguido descendidas, era imprimido por un poderoso caudal de fuerzas dispersas que emanaban de un conducto solapadamente uniformado: El excesivamente instintivo del desconocimiento y descuido de sí. Movimiento que era aprovechado por fuerzas mayores en provecho interminablemente insatisfecho, más bien, sobre todo, de sí. Las cazoletas ascendían su agua, la depositaban a las fuerzas mayores que engrosaban su caudal. Luego descendían con más pérdida que ganancias, a pesar de que algunas derramasen.

ADOCTRINAR XXXV

Reanuda el lance mi amigo P:

Mi tercer tramo de la escalera por donde ascendemos a la Manipulación en tanto que ya manipulados da finalmente a lo que entendemos por sociedad; donde el ejercicio teórico-práctico de la manipulación se da de manera prepotente, es decir , de manera superior, y anterior, a nuestras posibilidades de ejercitar y realizar nuestro libre desarrollo personal y social.

He escogido para nuestro juego la metáfora de la escalera por la doble posibilidad que ésta ofrece: la de poder ascender lo mismo que la de poder descender. Así la Manipulación asciende por su portador, lo mismo que por él desciende. Ella circula por esta alternancia. Se trata de un círculo vicioso de muy amplio alcance y espectro. El a sí mismo manipulado, o manipula o es fácilmente por otro manipulado. Ambos encuentran, si en ello son unos convictos, plena sintonía y, en cierto sentido, máxima satisfacción; ahí, en lo socialmente preñado a tal fin, el de la manipulación. De donde, en eso social, de manera potenciada parte, ahora en sentido descendente, la más amplia variedad de ofertas para la retroalimentación al mejor y mayor sustento de la manipulación en sus asimilados, portadores y transmisores, que a su vez de manera simultanea, inmediata, incesante y en no poca medida no fácilmente perceptible, no dejan de verterla a su corriente, la de la Manipulación, general en sentido, ahora, ascendente.

De nuevo el silencio aún luminoso del atardecer cerro aquel momento del juego para abrir el del pensamiento en esa versión que aún, por muy poco, podemos reconocer como meditación en solitario (no hay otra).